Archivo de la categoría: derechos humanos/human rights

De cómo disolver una manifestación antes de que se realice, o divide y vencerás.

La “paz social fingida” es un instrumento de propaganda utilizado por el gobierno para simular un estado de normalidad y necesidad ante cambios políticos, económicos y sociales con consecuencias negativas para el conjunto de la población, a la vez que criminalizan y marginan movimientos de rebeldía frente a tales cambios, dejándolos en la ignominia y haciendo que dichos movimientos parezcan meros actos de violencia gratuita sin otra pretensión que la de poner en peligro la seguridad de las personas.

Dentro de este instrumento, y para mantener su estabilidad, el Estado se vale de otras herramientas que le ayudan a llevar a cabo el cambio o los cambios que pretende imponer a la sociedad, aun cuando ésta se haya mostrado manifiestamente en contra de los mismos. Una de las herramientas más y mejor utilizadas por los gobiernos con este propósito es la de la manipulación mediática.

El lingüista, y procaz filósofo, Noam Chomsky ya estableció en su día un decálogo describiendo las bases de esa manipulación, a saber:

1.La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del
público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales” (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

2. Crear problemas, después ofrecer soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que  condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar
engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

6. Utilizar el aspecto emocional más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (ver ‘Armas  silenciosas para guerras tranquilas’).

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto, malhablado, admirador de gentes sin talento alguno, a despreciar lo intelectual, exagerar el valor delculto al cuerpo y el desprecio por el espíritu…

9. Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus
capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la  mayor parte los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

La mayor o menor efectividad de esta estrategia dependerá, obviamente, del grado de educación y conciencia de la población.

A su vez, existen formas de medir ese grado de efectividad a través de la observación de las reacciones de las ciudadanas y los ciudadanos. Una de mis observaciones particulares puede resumirse en respuestas de personas, autodescritas como profundamente democráticas, que justifican ciertos actos de represión por parte del Estado como necesarios ante determinados acontecimientos que niegan o impiden la obediencia ciega. Cuando esto ocurre, se nos presenta un claro síntoma de división entre la ciudadanía, único elemento a quien puede temer un Estado, diluyéndose así la fuerza de la misma para contrarrestar las arremetidas que infligen las nuevas medidas que el gobierno desea imponer. Es entonces cuando se entiende la enorme efectividad del Estado en el uso de las estrategias mencionadas.

Me niego a pensar que vivo en una sociedad ignorante (“Un pueblo ignorante es un pueblo esclavo”), pero, sin temor a caer en el pesimismo, los hechos presentes no están haciendo más que fustigar el pensamiento positivo. De ser cierto que es el nuestro un pueblo ignorante, no podría más que confirmar la idea de la efectividad de las herramientas de control del Estado.

Uno de los científicos del centro en el que trabajo manifestaba ayer su opinión, la cual comparto, de que todas aquellas personas con capacidad para instruir, educar y/o alertar a las ciudadanas y ciudadanos frente a los abusos, más o menos encubiertos, del gobierno, deben asumir la obligación de hacerlo, con la intención de despertar y concienciar a la ciudadanía, generando sentimiento de unión y de poder y aumentando su capacidad de respuesta para combatir sin miedo medidas injustas.

Por supuesto, no me corresponde a mí señalar a quienes hemos de escuchar. Pero sí me atrevo a afirmar que hoy NO encontraremos a esas personas entre las clases políticas ni las élites sociales y económicas del país. Para encontrarlas hemos de salir a la calle. De hecho, muchas de esas personas están ya ahí fuera.

La mayoría de nosotras y de nosotros tenemos algo que aportar en esta lucha.

Los violentos, a mí no me recortan.

La estrategia que desarrollaron los políticos de la Generalitat ayer fue perfecta. Desde la decisión de cerrar el Parc a primera hora de la tarde (eso era estrategia militar, pues con miles de personas dentro del Parc poco podían hacer los policías sin usar la violencia extrema, salvo rodearnos), pasando por la rápida y “limpia” actuación para despejar una de las puertas del Parc (en los medios dicen que se dispararon pelotas sólo al aire y que no se usaron las porras; nuestras imágenes dicen lo contrario) por donde entrarían los que tuvieran que entrar al Parlament, hasta la presencia de los policías infiltrados provocando altercados (aunque éso ya se les está volviendo en contra al haber “pillado” a esos infiltrados, también con nuestras cámaras, claro, no serán las de TV3).

Pero sobre todo les salió redondo el buen uso que han sabido hacer de los medios durante sus declaraciones posteriores.

El victimismo y la demagogia se usaron de la manera habitual, tachando de violentas a todas las personas que nos sentimos parte activa del Movimiento 15M (si es que debe llevar algún nombre). Dicen haberse sentido agredidos e insultados y que nuestro comportamiento ha hecho que perdamos toda la razón.

 

Gracias a esta estrategia se han aprobado “en silencio” unos recortes que de otra manera habrían ocupado gran parte del espacio/tiempo mediático, y que no harán más que aumentar nuetra indignación, pero que parecen haber pasado a segundo plano.

 

Pues resulta que esos recortes sí son violentos (si los medios quisieran escucharnos, oirían que nosotros también podemos hacer demagogia, y con razón, porque ¿qué es más violento, pintar una chaqueta con espray o dejar morir de hambre o enfermedad a alguien?). Esos recortes hacen que la lucha tenga, si cabe, más sentido que nunca, y que su estrategia de ayer, a la larga, sirva para que más gente reaccione y se una a nosotr@s.

 

Artur Mas legitimizaba la violencia ayer por parte de los Mossos, algún diputado de ICV y de otros grupos también, otro, de SiI afirmaba que “todos los insultos fueron en español y que cada uno saque son `consecuencias´”. Tod@s l@s diputad@s que hablaron, sin excepción, se sentían decepcionad@s por el Movimiento 15M. Esta gente, con un discurso tan mediocre, no puede representar a nadie. No considero que ninguna de estas personas, después de escuchar ayer sus declaraciones, estén capacitadas para trabajar en un Parlament. Por eso me declaro objetor de conciencia de todo lo que estas personas digan a partir de ahora. Yo no me recortaré mis derechos. Yo no me recortaré mi vida. A mí no me recortan.

 

Y yo también me siento decepcionado, no por las declaraciones de l@s diputad@s y la tan bien orquestada estrategia de desprestigio, pues eran cosas que cabían esperar antes o después, y tampoco por la poco ética labor de los grandes medios (también esperable), sino por mí mismo. Por no haber reaccionado mucho antes del 15M ante una situación como la que tenemos (que es aún mejor que la que se nos avecina).

 

Pero como no sirve de mucho lamentarse ahora, voy a concentrar todas mis energías en la lucha que nos queda por delante, que será (valga el chiste) larga y dura.

 

Nos vemos este domingo 19J en las calles.

Y más agua

Recién llegado del lugar donde el mar se desborda. De donde no hay agua, pero sí hay agua.
Podría dar mi opinión acerca del transvase, pero esta vez no voy a hablar. No conozco demasiado el asunto, y estoy muy cansado de todo como para reflexionar sobe él. 

“Sólo seremos libres cuando no haya nada más que perder” Vetusta Morla

Porque es cierto que cada día me siento más nihilista.