Saldrán las naves.

Mirada perdida,

la voz en el aire,

tiemblan las manos

bajo un pulso acelerado.

 

Sonrisa tullida

que ya no espera que nadie

recoja los húmedos granos

de su abismo doblado.

 

Si existieran palabras para decir algo nuevo en tu idioma secreto

me las guardaría en un bolsillito junto al pecho.

Pero ahora sólo queda que en el océano bailemos desnudos,

y alejar de nuestras raíces los engorrosos nudos.

 

Tu cara golosa

me dijo aquel día

que siendo tan niña

no podías volar.

 

Tu carne jugosa,

sabor de ambrosía,

de fruto de viña,

no me quiere soltar.

 

Cubierta de barcos está la bahía que empapó tu boca.

Navegan hacia ti, buscan los vientos, las corrientes; alguno te toca.

Aprendo ahora a dibujarte a oscuras, a escuchar tus silencios, a bañarme sin olas.

Buscamos lo mismo que llevan los barcos. Tú en tu olvido, yo en mi roca.

 

 

 

Tú, con miedo a no saber nombrar lo que no existe.

Yo, con miedo al tiempo que corre en mi contra. Tendré que robar todos los relojes de arena y hacerme una playa en la que esperar(te).

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