21/12/12 Port de la Selva

Mi último regreso al Port de la Selva desde el golfo de León venía acompañado ese día por el respeto de la tramontana y por una mar en calma.

Por la popa, a lo lejos, nos venía persiguiendo un cielo negro con el horizonte fundido en la tormenta; más de cerca, un par de gaviotas cansadas.

Y al frente, esperándonos con altivez, el perfil rocoso más frío y castigado del cap de Creus, el del Norte, enmarcado por las luces del pueblo en la bahía y, sobre las rocas, un techo teñido de púrpura que cubría sin vergüenza ya el último sol del otoño.

Se quedarán los recuerdos flotando en la superficie, y serán arrojados contra los acantilados en los días ventosos, formando con la espuma siluetas de marineros y de peces, que permanecerán ahí hasta que vuelva, ya más viejo, a este lugar. Mi lugar en un mundo.

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