Esto no es lo que quería

Esto no es lo que quería.

Los fuegos, fríos

en origen, insaciables

de savia bruta de encina,

se enganchan a la tramontana

para atravesar

dehesas de suspiros.

 

Esto no es lo que quería.

La espuma de las olas,

transformada en esferas

luminosas sobre la cama

grita una historia cubierta

de sal.

Historia acabada sólo

en un lado, aleteando

sin querer morir

en el otro.

 

Esto no es lo que quería.

Ojos oscuros que,

vigilantes,

rocían las tardes

de recelos -de garañón-

que no sofocan,

sino alientan,

los fuegos

insaciables

de savia bruta, y de espuma.

 

Esto no es lo que quería.

Pero ahora ya no espero

que tu mano se acerque

a mi pecho bajo

la, esfera, espuma. Ahora

anhelo cualquier mano

que se acerque y me convenza

de que aún existo

en estos fuegos.

 

Esto no es lo que quería.

Mentirme.

Despertar cada mañana

para decirme

que no estoy solo.

Que aún conservo

mi razón, mi puño

y mis peces.

Mentirme.

Sólo me quedan

mis heces,

mi sudor y mi desazón.

 

Esto no es lo que quería.

Lo que quería

era encontrar un dios

que me lo explicara. Pero

eso fue después;

primero quería

olvidar a la camena que

no creía en dios. Pero

eso fue después;

primero quería

atrapar a Melpómene que

me miraba

como si yo ya no fuese

Dioniso. Y yo

lo era. Lo soy. Pero

eso fue después;

primero quería ser

sólo, solo, Dioniso,

sin ninfa. Sin linfa.

Sin savia que alimentar

los fuegos. Pero

eso fue despúes;

primero de todo

eso es lo que quería.

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