Procrastinación

Las mañanas suenan
a veces puras,
otras más retocadas,
y algunas incluso duelen.

Pero no puedo trascender de mí mismo
para intentar sobrevivir a sus consecuencias.

Las mañanas duran hasta las siete de la tarde,
y no siempre puedo sobrevivir tantas horas.
Al menos no cuando escucho suspiros
al otro lado de la pared.

Las tardes vuelan,
y llega la noche.
Ocasiones de vivir vertiginosamente
que se pueden rechazar, o no se pueden rechazar.
¿Se deben rechazar?
Llega la noche.
Se van.

Al día siguiente la mañana es larga.
Pura,
a veces.
Y dura hasta las siete de la tarde.

Y yo no sé que decir.

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