Doping

 
    Ésta es la historia de un deportista de élite, acostumbrado a ganar siempre. Campeón de campeones. Un campeón de raza cuya sangre llevaba el gen de la velocidad. Pero un día alguien descubrió dentro de un bote de orina que no era oro todo lo que relucía: había engaños y trucos sucios dentro de sus músculos y sus venas.
    El atleta nunca hizo comentarios al respecto, pero sus representates, entrenadores, médicos y apoderados lo defendieron con uñas y dientes, afirmando que simplemente trataba de hacer frente a un constipado que cogió unos días antes de una competición.
    Muchos otros deportistas de otras disciplinas, cuando no les queda nada que alegar en su defensa después de haber sido desenmascarados, se revuelven y agitan agonizantes en el suelo, gritando a los cuatro vientos que ellos no eran conscientes del tratamiento al que eran sometidos, que no dieron su permiso para que les embutieran tales sustancias bajo la piel.
    Pero este corredor en concreto nunca dirá nada, nunca podrá defenderse, y nunca podrá decir que no a nada. Hasta que un día caiga muerto de un infarto durante un carrera, como le ocurrió hace un año a otro difunto competidor suyo. También era un caballo de carreras.
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