nintendo snow300 but i don´t care

 
  Esos momentos en los que te asomas a observar el otro lado de tu ventana y, sin que te hayas dado cuenta, te encuentras ante una escena que te transporta a lo que los creyentes podrías llamar cielo. Cubierto de algodones.
Te asombras ante la luz que desprende la oscuridad, ante la suma de colores en un todo blanco que si lo observas mucho tiempo hace que te lloren los ojos.
   Las ramas de los árboles, negras, perfiladas por una corteza blanca resplandeciente que poco a poco se desprende, liberándolas de el peso que las dobla, permitiéndolas volver a la posición en que el árbol quería tenerlas para disfrutar del sol la máximo posible, en un movimiento rápido y brusco, como una catapulta que lanza piedras de agua, me hacen pensar en una maraña de dendritas mielinizadas.
   Y si al ver ésto (aunque sean las cinco de la mañana) decides salir a la calle, el espectáculo puede ser aun mayor. Es una forma única de caminar sin pisar el suelo, sobre un alfombra de grados bajo cero que te envuelve con su sudor hasa los tobillos, o las rodillas si andas torpe.
   Si aún sigues en la calle cuando la gente empieza a asomar sus sonrisas y sus ojos como platos, verás que todo se transforma en una divertida representación de cachorros saltarines, jugando y riendo, sin preocuparse de las caras de las madres al verles llegar empapados, cansados y felices. Los niños tienen ese instinto de lanzar nieve a los padres que con los años se borra en la mayoría. Nacemos sabiendo que la nieve es para arrojársela al primero que pase, y si le damo y se enfada, que se aguante y se hubiera quedado con su tele. Pero hay otros, los que llevan la cabeza agachada, que caminan como ajenos a lo que les rodea, como si nada de lo que pisan hubiese cambiado respento al día anterior. Son aquellos pobres con dinero que pueden permitirse el último modelo de nintendo para pasear, la nintendo snow3000 but i don´t care.
 
   Cuando llega el momento de volver a casa puedes hacerlo siguiendo el rastro de los coches envueltos en una concha de espuma con mordiscos de gigante.
 
   ¿Y por qué no pueden ser cómo ésta las avalanchas en Filipinas?
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