EPS

Hasta hoy no había podido leer El País Semanal del pasado 29 de enero. Y, como suelo hacer, he ojeado todos los artículos, deteniéndome en los que en ese instante me resultaban más interesantes. Tengo costumbre de leer la sección de Rosa Montero, a la considero, por lo genera,l acertada en sus palabras, además de que me parece una escritora con un gran dominio del idioma castellano (mayor que el mío, sin duda).
Sin embargo, en esta ocasión, me disgusta que se haya dejado llevar por su enormemente demagogo oficio de periodista de una manera tan desafortunada.
Mi desaprobación va dirigida a su contribución en el número señalado del semanal mediante el artículo titulado "Los grandes mentirosos de la ciencia", el cual podría tener un privilegiado hueco en cualquier portada de revista sensacionalista y/o seudocientífica (sin dejar de ser igual de respetable, por supuesto, y señalo ésto porque hay veces en las que resulta necesario para algunos añadir estos comentarios).
Me niego a pensar que ella opine realmente que estamos sometidos a un régimen científico fraudulento y corrupto de una manera tan reiterada, contundente y sigilosa.
Sin duda existen casos así, y yo conozco de cerca alguno mucho menos mediático que los que ella menciona pero igual de dañino para la ciencia. No obstante me parece desatinado e injusto, y más allá de rebatible, el afirmar que los intereses económicos que se ciernen inexorablemente sobre los avances científicos absorban la integridad de los científicos hasta el punto de que parezca que, según mi interpretación de sus palabras, apenas existen investigadores honestos con su trabajo, y que, sin poder apreciarlo desde nuestras casas, la comunidad científica se ha convertido en un basurero global de mentiras rápidas y rentables, aun a costa de nuestra salud (aunque sea mental).
Debo defender a los científicos, al menos a los que conozco de forma personal y a aquellos cuya carrera admiro y considero insobornable (incluyendo en este grupo a las publicaciones realmente especializadas, que en su ímpetu de hacerse eco de los nuevos conocimientos pueden llegar a cometer errores fiándose, casi incondicionalmente, de determinados miembros de la comunidad científica, que han adquirido reputación de forma más o menos rápida y, a primera vista, intachable, como también podrían cometerlos los periodistas).
Aún quedan, y muchos, científicos en los que depositar la confianza perdida en otros gremios, pues para mí todavía "conservan su prestigio y mantienen una imagen idealizada de seres austeros, honestos y entregados a la búsqueda de la verdad" o, al menos, de su verdad.
Y de esta forma he podido apenas satisfacer mi deseo de criticar ese impulso periodístico de hacer enorme y extensible lo minoritario, por parecer más interesante que la realidad cotidiana…
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Una respuesta a “EPS

  1. Gracias por defendernos/defenderte (para mi eres un gran científico). Y tienes toda la razón. No caben más palabras, tú las has dicho todas.
    BSK.

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